¿Verde o Negro...?

“Lo que te suceda en el futuro no tiene nada que ver con la suerte, tiene que ver con tus decisiones de hoy”
Confucio

Hace apenas unos cuantos meses, en una charla amena con el Ing. Raymundo Benavides Director Corporativo de Come In SA de CV y Taos Inc., me planteaba la necesidad de establecer estrategias en sus empresas, dedicadas al procesamiento de aditivos para el sector alimentos, para generar productos libres de contaminantes y que en dicho sector se ha ido convirtiendo poco a poco en cuestión de supervivencia, y con ello se refería a la necesidad de proporcionar al mercado productos con “Etiqueta Verde”, como una forma de mostrar a sus clientes su apoyo e integración a la cultura ambientalista cada vez más extendida en el entorno global de las organizaciones.

En los siglos XVII y XVIII, a las empresas de las potencias coloniales les importaba muy poco el impacto medioambiental que sus actividades de extracción de minerales o las plantaciones de caucho pudieran tener en las sociedades donde operaban.
El hecho de que miles de personas murieran como consecuencia de sus políticas tampoco parecía preocupar en los consejos de administración.

No fue hasta finales del siglo pasado que las empresas cobraron conciencia de su impacto medioambiental.
Catástrofes como la fuga de química en la planta de Union Carbide en Bhopal (India) en 1984 o el vertido de crudo del Exxon Valdez en Alaska en 1989 llevaron a las grandes empresas, sobre todo a las dedicadas a la extracción de recursos, a diseñar estrategias medioambientales.
Ambos accidentes, cuya reparación costó miles de millones de dólares, convencieron a las empresas de que una buena estrategia medioambiental a tiempo proporciona mayores beneficios a largo plazo, no sólo en lo referente a ahorro de costes, sino también de vidas humanas.

A esto hay que añadir el aumento actual del coste de la energía, que está obligando a las empresas, y no sólo a las dedicadas a la extracción de recursos, a revisar sus estrategias medioambientales. Aunque se ha discutido mucho sobre las políticas respetuosas con el medio ambiente, lo cierto es que no existe un gran consenso sobre si realmente cumplen o no sus objetivos.

La visión basada en los recursos naturales se puede establecer a partir de un estudio riguroso de los informes anuales de las empresas. Los datos recogidos en estos informes, se clasifican en seis categorías: orientación histórica; arraigo de la red -cadena de suministro y grupos de interés-; dotaciones; visión de la dirección de la empresa; competencias del equipo directivo, y recursos humanos.

"Las condiciones históricas de la fundación de una empresa dictan cómo adquiere y explota recursos y, por tanto, cuál será su rendimiento medioambiental".

Del mismo modo, "la red de grupos de interés influye mediante la presión social y puede determinar el tipo de estrategia medioambiental que siga una empresa".

El liderazgo visionario se considera una capacidad singular, puesto que no es algo que todo el mundo tenga. Como el éxito de la estrategia medioambiental depende de los compromisos y las inversiones a largo plazo de la empresa, es imprescindible que ésta cuente con un liderazgo visionario.

Una vez que se han determinado todas estas categorías, la estrategia medioambiental de la empresa puede desarrollarse dentro de las dimensiones de la visión basada en los recursos naturales.
La estrategia medioambiental debe servir como marco de referencia, para diseñar proyectos futuros y estudiar posibles inversiones.

Una estrategia medioambiental sólida puede mejorar el rendimiento medioambiental y posiblemente también el financiero. Además, se puede utilizar como guía para nuevas inversiones y el desarrollo de la capacidad medioambiental.

En un mundo en el que los recursos naturales son cada vez más escasos, tal vez el rendimiento medioambiental sea una consideración más urgente que el mero rendimiento financiero.

Hasta la Próxima Contra Crónica!!!

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